vicerruiz

Tími  2 klukkustundir 7 mínútur

Hnit 1887

Uploaded 6. febrúar 2020

Recorded febrúar 2020

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  • Scenery

     
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1.153 m
546 m
0
11
21
42,96 km

Skoðað 186sinnum, niðurhalað 12 sinni

nálægt Ermita y Torreón de Cuadros, Andalucía (España)

Hay veces que la vida te empuja como si quisiera que te dieras prisa, que no te duermas, que no te pierdas nada, y creo que es eso lo que me ha ocurrido en los días pasados del mes de enero ’20. En cuestión de 12 días ha nacido mi nietecilla (mi primer nieto), ha sido el día de mi santo, he cumplido 59 y creo que me ha dado, también por primera vez, un cólico nefrítico, aunque prefiero correr un tupido velo sobre esta circunstancia. Hay muchas cosas que nos pasan a diario, unas son insignificantes, otras son cotidianas, otras son más especiales, y otras marcan un verdadero hito en la vida de las personas. Tener tu primer nieto es una de esos hitos en la vida, como dar el primer beso a tu primera novia, encontrar tu primer trabajo, casarte (al menos la primera vez –jeje-), etcétera.
Tantas cosas importantes en tan poco tiempo requieren una celebración a la altura de las circunstancias, y para un ciclista de pro, no puede haber mejor fiesta que una buena ruta, una ruta que sea emocionante, entretenida, divertida, dura (¿por qué no?)… Pensando yo en todos estos requisitos he diseñado una ruta para proponerla a mi Club, porque aunque creo no haberlo dicho antes, llevo unos años en el (muy noble y muy leal) Club TodoSierra de mi localidad, Jaén. Normalmente, las rutas que voy publicando en Wikiloc las hago solo o con pocos y selectos compañeros, pero en esta ocasión no se me ocurre mejor idea que recorrerla con mis viejos conmilitones del Club, con todos los que quieran y puedan venir.

La ruta tiene unos 43 Kms. y es de dificultad física media-dura y de dificultad técnica media-dura (aunque sé que esto es muy subjetivo), y además es totalmente inédita para el club, y tiene buenas veredas por las que bajar disfrutando como un pato en un charco. Creo que será ideal para esta magna celebración.

Día 2 de febrero de 2020.
Salimos con los coches desde Jaén a las 7 de la mañana, camino de Bedmar y llegamos a mi huerta en Cuadros (un paraje del pueblo, a orillas del Río Cuadros donde tengo una parcela con su casita) a eso de las 8 de la mañana, amaneciendo, a 7 grados de temperatura. Se prevé un día cálido y soleado a pesar de que estamos en pleno invierno. Eso es bueno para nosotros, pero no es normal en estas fechas, porque en las horas centrales del día llegaremos a unos 20 grados. Vamos 11 compañeros.

Nos montamos en las bicis y tiramos para el pueblo por la carreterita de Cuadros, pero pronto giramos a la derecha por un camino que se llama La Cuesta de Leonardo, y ya puedes suponer que sólo el nombre da la pista de lo que es, que no es más que una cuestecita de trescientos o cuatrocientos metros, quizás de un 15% de pendiente, que nos va entonando para el día que nos queda, y nos quita el frío de la mañana.

Atravesamos el pueblo de Bedmar pasando por algunas calles antiguas y empinadas y llegamos hasta la Iglesia de la Asunción, debajo del Castillo de Bedmar, desde donde podemos contemplar el precioso valle del Río Cuadros, y nos bajamos por la calle Trastorre. Cogemos la carreterita de la FuenGrande y después giramos a la derecha por el camino de Carratraca buscando el campo abierto. Hace fresco, vamos bien, llevamos buen ritmo, somos pocos y formamos un grupo bastante compacto, y no paran los chascarrillos, las bromas, las risas y también las palabras soeces y ordinarias, pero todo transcurre con buen ánimo, como suele ser corriente en el Club, mientras circulamos por caminos de tierra con pequeñas subidas y pequeñas bajadas, superando poco desnivel. Rodamos camino del Norte, girando al Este, dando la vuelta a la Serrezuela de Bedmar. Dejamos a nuestra derecha el Barranco del Herrero y el Barranco del Perejil, que queda por encima de nuestro camino y tiene una entrada intimidante formada por paredes de piedra vertical y puntiaguda que más parece adentrarse en las Tierras de Mordor (para los amantes del Señor de los Anillos).

Pasamos por la Ermita de S. Isidro, donde paramos a descansar un poquito y echarnos unas fotos. Seguimos para Jódar y atravesamos el pueblo, buscando la calle donde comienza el camino que sube al Portillo, que es el punto más alto de la Serrezuela a donde se puede llegar con la bicicleta. Ahora nos esperan unos 450 metros de subida por un camino de unos 6 kms. de longitud que no está en mal estado (para las bicis), pero sí bastante resbaladizo, pues ha llovido el día anterior y todavía no se ha secado el rocío de la mañana. El grupo se va disgregando y separando. Hasta ahora hemos ido juntos, pero la fuerte subida hace que los más fuertes saquen ventaja a los más lentos. Algunos compañeros se van quedando irremisiblemente atrás, pero procuramos que nunca se queden solos en su tribulación y algunos de los que vamos mejor los acompañamos mientras se suceden las pesadas pedaladas y las paradas por falta de resuello. Yo subo bien, las pulsaciones no me han subido mucho y me hubiera gustado tener una cuerdecita o algo parecido para poder remolcar un poco a los amigos que van sufriendo, pero no encuentro nada adecuado para este menester, así que no queda más que seguir despacio, conversando y dando ánimos a los más retrasados.

Una vez que llegamos a lo alto del Portillo, el camino acaba en una especie de era que está colgada sobre el precipicio. Debajo de nosotros quedan doscientos o trescientos metros de desnivel casi vertical, y aunque estamos sobre Bedmar, que queda a nuestros pies, no hay forma humana de bajar por aquellas veredas de cabras que descienden entre canchales de piedras sueltas por los que incluso un montañero avezado tendría serios problemas para pasar andando. Delante de nosotros tenemos una vista de Sierra Mágina realmente alucinante y vemos el Cerro Aznaitín, el pueblo de Albanchez, el Cerro de la Carluca, el Torcal de Albanchez, y todo el Macizo de Sierra Mágina y el Valle del Río Cuadros. Estas contradas nunca han sido vistas por los ojos de nadie del Club y todos quedan boquiabiertos por tanta belleza en este día soleado y límpido que Dios nos ha regalado. Nos echamos unas fotos, algunos se toman un bocado y nos volvemos para abajo por el mismo camino. ¿Por el mismo camino? No exactamente. Cuando subíamos para arriba hemos visto como por la parte derecha del camino, más abajo y hacia el barranco que discurre por allí, subir unas motos de enduro, por lo que suponemos que hay algunas veredas o algo parecido por las que poder bajar y darle una poca emoción al recorrido, así que vamos con los ojos bien abiertos y por donde observamos que han salido las motos al camino, nos tiramos nosotros como locos, pues la primera rampa está muy pendiente y tiene la tierra mojada y muchas piedrecillas sueltas, pero no importa. Algunos compañeros de los más avezados en bajadas van como alma que lleva el diable, aullando, a veces como dementes, mostrando sin pudor lo que van disfrutando con las veredas. El sendero no está perfectamente delimitado, pero el terreno permite circular sin problema por la hierbecita verde y húmeda que nos lleva hasta un cortijo derruido que dejamos a la derecha, y continuamos para abajo hasta salir de nuevo al camino, que dejamos un poco más abajo para coger un atajo y salir a la carretera de Granada.

Por la carretera recorremos unos 4 kilómetros que no nos gustan, pues aunque es amplia y tiene un buen arcén, no paran de pasar coches a toda velocidad en los dos sentidos, lo que hace que extrememos el cuidado, nos pongamos en fila india y no hablemos tanto como suele ser nuestra costumbre. No me gusta la carretera para la bicicleta.

Llegamos al camino de Matarribazos, que es la segunda subida importante del día. Nos quedan otros 7 kms. con un desnivel de 380 mts. más o menos, lo que tampoco es nada del otro mundo, pero de nuevo algunos compañeros que van más cansados se vuelven a quedar atrás y algunos otros nos vamos relevando y quedando con ellos para darles conversación y animarlos en su agonía. Sigo sin ninguna cuerdecita o lo que sea para poder remolcarlos porque me encuentro bien y subo sin problema, pero no hay más solución que ir despacio, parar de vez en cuando a tomar aire y llevarlo como mejor se pueda.

¡¡ Hurra, por fin estamos en lo alto de Matarribazos !! Menos mal, ahora sólo queda la última bajada, la sorpresa que tenía preparada para los compañeros: 5 kms. con un desnivel negativo de unos 580 mts, ¡y todos por veredas, caminos y rampas de vértigo! El primer tramo del sendero, es una pasada pues tiene un firme muy limpio, está protegido por los flancos, discurre entre los pinos y encinas por la cara norte (fresca y húmeda) de la sierra, y en definitiva, tiene un magnífico “flow”, como llaman los americanos. Mis colegas se tiran de nuevo como locos, aullando, gritando de alegría, disfrutando como niños con zapatos nuevos, bajando algunos con una gran técnica, y otros más despacio, pero no importa porque cada poco tiempo nos paramos para esperarlos y reagruparnos; están nerviosos y tienen ganas de más veredas y más bajadas. Llegamos al camino de La Asperilla, nos reagrupamos y les doy instrucciones para el nuevo tramo que nos espera, también absolutamente inédito para ellos. Ahora giramos a la izquierda y bajamos el Barranco de Pliego, primero por un trocito de camino para girar a la derecha y meternos por un olivar que está en una pendiente imposible, con piedra suelta y que conozco de pasar andando y resbalando por aquella zona, que pensaba que me mataba, por lo que mi preocupación no cesa hasta que veo que aquella zona peligrosa la baja hasta el último, aunque alguno ha tenido que hacerlo andando y sujetando la bici para que no se le escape por aquellos laderos hasta el barranco que discurre por debajo de nosotros. Salimos a un camino estrecho y muy rápido, bajando la cabeza a menudo para no darnos con las ramas de las olivas, y este nos lleva a otro camino más grande. Unos metros más adelante de nuevo torcemos a la derecha para adentrarnos casi en el mismo barranco, que vamos bordeando con cuidado de no caer en el mismo. Nos encontramos un olivar que está tan profundo en su interior y es tan umbrío y húmedo que el terreno está recubierto por musgo verde y resbaladizo que rezuma agua por todos lados, mientras las ramas bajas de las olivas nos hacen echar pie a tierra de vez en cuando para no rompernos la cabeza. Pasamos por un puentecito al otro lado del barranco, subimos unas piedras con la bici a cuestas, cogemos un trocito de vereda inmunda que es peligrosa incluso para ir andando y unos 100 metros más adelante salimos a la carretera de Cuadros, a unos 200 metros de mi huerta, donde hemos dejado los coches. Estamos en casita y mis compañeros me felicitan y me dan la enhorabuena con enorme algarabía, me dan golpes en el casco, se echa encima de mí dando gritos, me cogen y me quieren echar por alto, y todo ello no significa más que han disfrutado como niños con la ruta que hemos acabado… y además todos hemos acabado de una pieza. No se puede pedir más.

¿No se puede pedir más? Jeje. Hemos dicho que era una celebración importante, ¿no? Pues la celebración no puede acabar solo con las enhorabuenas y ya está. Ha llegado la hora de la cerveza, así que aprovechando que los coches los hemos dejado en la casa que poseo en el campo, tengo preparado mi pequeño banquete; he comprado un jamón y medio queso para la ocasión y he llevado también langostinos, aceitunas, frutos secos, butifarra de la que hace mi mujer y mi suegra, y otras exquisiteces, y cerveza, mucha cerveza. Hablamos fuerte (aunque nuestro vocabulario no es el más refinado), reímos, celebramos, brindamos por mi nietecilla y demás onomásticas, por el Club y por el que iba el último todo el rato, pues ha realizado un esfuerzo ímprobo por acabar la ruta con decencia.

Pero lo malo es que tenemos que volver con los coches hasta Jaén, a unos 45 kms., así que no podemos pasarnos de la raya. Nos despedimos, cogemos los coches y nos vamos para la capital. Sé que a alguno le da todavía tiempo de echar un cubalibre, pero yo me voy para mi casa. Mi mujer me espera para darme un abrazo; no tengo con qué pagarle tanta dedicación. A mis dilectos compañeros de ruta tampoco tengo con qué pagarles su confianza, su inmejorable compañía, su jocundidad y todo lo que me enseñan cada día que salimos.
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Entrada a Bedmar

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Iglesia de Bedmar

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Jaén

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Camino de Jódar

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Ermita S. Isidro

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Bedmar

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Subida al Portillo

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Iglesia Bedmar

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El Portillo

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Mi Huerta

3 comments

  • mynd af Oscar Upegui

    Oscar Upegui 3.3.2020

    Una ruta fabulosa, una excelente narración como siempre y un muy buen registro fotográfico que dan cuenta de lo bien que lo pasaron, felicitaciones vicerruiz muy buen trazado, muy buena celebración con los amigos para festejar por partida doble que sos ya abuelo y por lo bien que la han pasado en esta espectacular ruta.

  • mynd af Edu Arozena

    Edu Arozena 21.12.2020

    Nos encantó la ruta, tiene dos ascensos durillos pero merecen la pena. Al terminar el segundo ascenso de La Serrezuela, antes de comenzar el descenso por un sendero minúsculo, hay que prestar mucha atención porque no se ve bien el desvío. Hay un montón de piedras que indican el camino pero está dentro de éste y no se aprecia. Felicidades por la ruta!!

  • mynd af vicerruiz

    vicerruiz 22.12.2020

    ¡Enhorabuena, Edu! Sierra Mágina tiene muchos secretos por descubrir, y esta ruta no es más que uno de ellos.

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