vicerruiz

Tími  6 klukkustundir 58 mínútur

Hnit 8588

Uploaded 25. nóvember 2019

Recorded nóvember 2019

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  • Scenery

     
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1.381 m
275 m
0
18
36
71,46 km

Skoðað 647sinnum, niðurhalað 20 sinni

nálægt Tabernas, Andalucía (España)

¿La belleza se puede medir de forma objetiva? ¿Se puede decir que algo es intrínsecamente bello o es feo? A todo el mundo le gusta La Gioconda, pero ¿el desierto le puede gustar a alguien?
1 de noviembre de 2019.Fiesta. Día de todos los Santos. Mi Sra. y yo nos vamos a pasar el fin de semana a Roquetas. ¿Sabes dónde se va el sol en invierno? A Roquetas (propaganda dixit). También me he bajado la bicicleta para hacer una ruta nueva y desconocida.
2 de noviembre de 2019. Pipipi, pipipi …. Vamos, son las 6 de la mañana y es hora de levantarse. A pesar de que me acosté tarde, creo que no he dormido bien y estoy un poco nervioso, pero sé por lo que es. Hoy me he propuesto ir a Tabernas a hacer una ruta que he visto en Wikiloc. No es mucho, sólo unos 75 kms. con 1750 mts. de desnivel positivo acumulado, pero de esos 75 kms. no conozco ni uno solo; la verdad es que he hecho rutas mucho más largas, pero esta tiene una particularidad, y es que los primeros 20 kms (más o menos) discurren por el desierto de Tabernas, y según he leído, alguien que ha tratado de seguirla ha tenido problemas con el GPS y ha perdido la señal. Y si voy solo por un desierto, que no conozco absolutamente de nada y se pierde la señal del GPS, ¿qué pasa? ¿por dónde tiro? ¿me faltará agua? ¿saldrán de debajo de las piedras gigantes mitológicos con un solo ojo; hombres sin cabeza y con los ojos y la boca en el pecho; enormes perros con alas en las espaldas, patas de cabra y cola de león, ávidos de carne humana? Pero sea lo que Dios quiera; “alea jacta est” (Cayo Julio César). Así que desayuno apresuradamente, cojo el coche, cargo la bicicleta y me voy a la aventura con un pequeño repizco en el estómago.
Llego a Tabernas y como ya he estado otra vez aquí, sé dónde hay que dejar el coche, así que no titubeo y en pocos minutos estoy pedaleando. Todavía es de noche, así que pongo a la bici la linternita delantera y el intermitente trasero. No hace mucho frío, unos 7 grados, pero hay otro elemento a tener en cuenta, que a lo largo de la mañana será decisivo: el viento.
Salgo del pueblo y tiro para el norte, para el desierto y todavía tengo el repizco en el estómago porque voy a lo desconocido, a mi gran aventura. A fuerza de pasar una y otra vez por el desierto de Tabernas (por la carretera y en coche, claro), creo que me he enamorado de este paisaje desolado que es la primera vez que recorro en bicicleta, pero tan familiar me resulta, quizás porque también lo he visto decenas de veces en las películas de pistoleros y otros géneros en el cine. Poco a poco comienzo a serenarme porque llevo el track de la ruta en mi reloj Garmín y va bien y se vé nítido y sin problema, aunque mi cansancio en la vista me limita bastante; los años no perdonan.
Poco a poco me voy adentrando en el desierto y cada vez me gusta más lo que veo, pues este paisaje inmenso y desolado, la lejanía de las montañas, el viento fresco del norte me hacen disfrutar cada metro que voy avanzando. En Wikiloc he visto muchas veces la ruta que estoy siguiendo y he procurado fijar en mi memoria las fotos que en ella aparecen, y así encuentro en primer lugar el Mirador de Tabernas, la mina abandonada, y un cortijuelo en el que acaba el camino. Pero lo malo de este lugar es que el track continúa hacia adelante, donde no hay camino y sólo se encuentran un barranco. Comienzo a dudar porque no sé si me he equivocado en algo. A esto es a lo que yo temía, pero ya no hay vuelta atrás. Miro, remiro, me muevo para arriba, me muevo para abajo y no encuentro el paso por el que atravesar el barranco, así que desafiando el track, me vuelvo unos 100 metros para atrás y me salgo por la derecha del camino, por en medio de la nada para donde creo que continúa la ruta, pero sin rastro de camino de ningún tipo; voy pisando matas de esparto, pinchos y tierra calcinada y llego a un pequeño barranco que atravieso sin mucho problema. Después vienen una subida y una bajada y otra subida y otra bajada, pero veo en la pantalla del Garmin que poco a poco voy convergiendo con el track, así que creo que no voy tan mal, después de todo, y al final acabo llegando hasta un camino más ancho, que está totalmente destrozado por el agua y las barranqueras, y más parece una trialera que un verdadero camino que sería impracticable para cualquier vehículo de más de dos ruedas, pero al menos es un camino reconocible, aunque a veces se pone tan mal que tengo que bajarme de la bici. Sigo para adelante, paso los Cortijos de Haza Blanca, que reconozco también de verlos en las fotos de Wikiloc, y poco después llego al Arroyo del Verdelecho, que es lo menos parecido a un arroyo que se pueda uno imaginar, pues es realmente una rambla que lleva un fino hilito de agua que desaparece a los pocos metros, ancha, rota, con vegetación, piedras gordas y de todo tipo, bancos de arena que atrapan las ruedas, y todo tipo de impedimentos para circular con normalidad, pero no me asusta porque ese es nuestro mundo, el mundo de la bici de montaña. Las paredes del arroyo son espectaculares y a veces se puede ver cómo inmensas fuerzas han modelado las capas de piedra y sedimentos y le han dado formas caprichosas que conforman un espectacular paisaje que no parece de este mundo; otras veces el agua ha labrado y horadado la piedra formando como si fueran panales de insectos gigantes. A veces las pareces se estrechan hasta pocos metros para abrirse después en zonas anchas de más de 100 metros. El silencio y la belleza del entorno me sobrecogen.
Después de unos 5 kms. de arroyo me indica mi Garmin que me tengo que salir por la derecha. No hay una senda marcada sobre el terreno, pero el Garmin insiste en que es por ahí por donde hay que tirar, así que busco una salida por donde puedo, me echo la bici al hombro, escalo una pared de tierra y piedra y allí está el camino, bien marcado y que me lleva hasta Mini Hollywood, que es una atracción turística que simula un poblado de pistoleros del lejano oeste y creo que también tiene un mini zoo. Llevo unos 20 kms, he pasado el desierto, que tanto me preocupaba y he vuelto a la civilización. No era para tanto.
Y ahora empieza lo bueno, pues hay que subir hasta la cima de Sierra Alhamilla. Son más de 1000 metros de desnivel en unos 16 kms. de recorrido, lo que da una pendiente media de 6,25 %, prácticamente sin descanso. Pero no hay problema; en peores plazas hemos toreado, y lo bueno es el que el viento, cada vez más fuerte, me coge de espalda, por lo que me va ayudar a subir la cuesta. El camino está relativamente bien, pues se ve que antes fue una pequeña carreterita asfaltada, pero está tan deteriorada que más parece un camino de cabras. Y nunca mejor dicho porque en una curva de tantas, veo delante de mí, como a unos 50 metros al lado de la carretera un enorme macho de Cabra Montés, con unos impresionantes cuernos de 45 o 50 cms. que me mira desafiante y me hace que me preocupe, pues no huye a pesar de que no paro de acercarme a él. Normalmente estos animales son pacíficos y huidizos, pero también sé que una vez se cabrean, son malos enemigos, pues se tiran para ti con su poderosos cuernos como un ariete que te puede hacer mucho daño, o si te proteges con la bici, puedes acabar con ella totalmente destrozada (hay algún video en Youtube sobre este asunto). Así que me voy acercando cada vez más lento, haciendo ruidos ridículos con el fin de asustarlo y que se vaya, pero no parece que esté muy impresionado. Menos mal que cuando me quedan unos 15 metros para llegar hasta donde está, acaba dándose la vuelta y saliendo por un lado del camino, despacio y con displicencia. Paso como sin hacer ruido, aguantando la respiración y cuando se me ha quedado unos 10 metros atrás, doy un fuerte acelerón intentando poner tierra de por medio entre él y yo. ¡Qué susto!, pero qué magnífico ejemplar.
Poco a poco voy viendo las grandes antenas del Cerro del Puntal asomar por encima de los pinos. Son Enormes y en ellas aúlla el viento como si fuera un demonio desbocado. Llego hasta la parte más alta, tomo alguna foto y me bajo corriendo porque me estoy quedando helado. No es que haga una temperatura muy baja, pero el cielo está nublado y el viento me roba rápidamente el poco calor que he ido acumulando durante la subida, a pesar de que llevo el chubasquero.
Sigo el camino, entre llano y ligera pendiente ascendente hasta que llego al cruce que sube al punto más alto de Sierra Alhamilla, que es el Cerro Colativí. Ya sólo quedan unos 2 kms. de fuerte pendiente (quizás un 15 %), pero como el viento me pilla de espalda, me empuja fuerte y me ayuda a subir con cierto desahogo. ¡Genial! Pero cuando estoy casi arriba del todo y me faltan unos 150 metros, el camino gira casi 180 grados a la izquierda y se orienta hacia el nor-oeste, frente al viento salvaje, y entonces me doy cuenta del verdadero huracán que estoy atravesando (probablemente vaya a más de 100 kms. por hora en ese punto, por lo que he oído después en la televisión), y me azota de frente tan fuerte que aunque la cuesta ya es relativamente suave, no soy capaz de subirla y hay momentos en los que me veo en peligro inminente de que el aire me saque de la carretera y me tire por algún precipicio, así que decido bajarme de la bici y acabar los últimos metros andando, aunque apoyado en la bicicleta que me sirve de muleta porque aun andando es fácil que el viento me arrastre y me saque del camino, así que voy muy despacio, dando pasos cortos como luchando contra una muralla de hormigón. Llego muy poco a poco hasta la entrada de otras antenas (parece como un radar), pero con forma de helado de chocolate, como una gran esfera de color marrón colocada sobre un pedestal. Menos mal que hay unas paredes detrás de las que me puedo cobijar del viento del demonio, pero que me hacen temer que hasta la pared se pueda derrumbar y pillarme detrás. Me estoy quedando helado por momentos y entonces me suena el teléfono. Es mi mujer que me llama para preguntarme cómo va la jornada, aunque casi no la oigo por el gran ruido que origina el vendaval. A grandes voces entrecortadas logro balbucear algunas palabras, pues tengo la mandíbula congelada y las palabras me salen a trompicones, así que tengo que colgar precipitadamente, cojo la bicicleta y salgo andando para abajo, temiendo de nuevo que el aire me revuelque por el suelo o me tire contra los matojos o las piedras de los lados, hasta que llego a un recodo en el que el viento afloja un poco.
La verdad es que ya me las prometía felices porque según el perfil de la ruta, todo lo que me queda es cuesta abajo, quizás unos 20 kilómetros. Pero hay un problema y es que toda la bajada es en dirección norte y noroeste y esa es justamente la dirección de donde viene el viento, por lo que me lo encuentro de cara todo el rato. Mi gozo en un pozo porque a pesar de que voy cuesta abajo, no puedo parar de darle a los pedales, por lo que casi me paro. Atravieso el parque eólico de La Noguera, donde paso casi debajo de unos aerogeneradores inmensos que mueven sus enormes palas con una velocidad que da miedo y hace un ruido enorme. Sigo carretera abajo y paso por en medio de Turrillas, que es un pequeño pueblo de la cara norte de Sierra Alhamilla. Poco más abajo llego hasta el llano con ligera pendiente que me acaba llevando hasta Tabernas, pero me encuentro con que los 2 o 3 primeros kilómetros son de rambla arenosa, pero a pesar de que voy para abajo, el viento me ofrece tanta resistencia que parece que estuviera subiendo de nuevo a Sierra Alhamilla. Después entro en camino de tierra en buen estado, pero sigo con el aire de frente hasta Tabernas, donde por fin llego a eso de las 1 de la tarde. Creo que en honor a la verdad, aunque la ruta tiene unos 1750 metros de desnivel positivo acumulado, perfectamente el viento puede haberle añadido otros 1000 metros más de dificultad.
En Tabernas, sobre mi coche, sigue la gran silueta negra de Clint Eastwood pegada a la pared, pero le doy la espalda sin temor porque sé que no sacará el revólver a un hombre desarmado, así que cargo la bicicleta, me tomo una cerveza (sin alcohol) en su honor y en el mío, lo saludo, me monto en mi coche y me voy cabalgando hacia Roquetas, donde me espera mi Señora.

Creo que me he enamorado del Desierto de Tabernas.
Varða

Tabernas

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Mirador de Tabernas

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Mina abandonada

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Cortijos Haza Blanca

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Arroyo Verdelecho

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Salida Arroyo Verdelecho

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Mini Holliwood

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Cerro del Puntal

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Cerro Colativí

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Parque eólico La Nogera

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Turrillas

4 comments

  • mynd af Oscar Upegui

    Oscar Upegui 28.1.2020

    Primero que todo vicerruiz, dejeme felicitarlo por tan amena narración, que de verdad da gusto leer hasta el final, me sentí teletransportado a ese fabuloso lugar y casi que hasta percibir las mismas sensaciones, todas esas vivencias que a cualquier ciclomontañista le han sucedido al menos una vez en la vida, las fotos estan bien chulas y el trazado a quedado fenomenal.
    Saludos amigo y a seguir sumando kilómetros y compartiendo buenos relatos.

  • mynd af vicerruiz

    vicerruiz 29.1.2020

    Gracias, Óscar por tu benévolo comentario. Muy amable.

    A veces siento que mis relatos sean tan largos, pero me resulta imposible narrar una jornada de bicicleta tan larga e intensa con menos palabras, pues sería injusto con tanta belleza y me dejaría demasiadas sensaciones en el tintero. Pero eso sí, son palabras muy sentidas.

  • mynd af Oscar Upegui

    Oscar Upegui 29.1.2020

    Totalmente deacuerdo, estas sensaciones que nos deja una buena ruta cuando se lucha y se disfruta al máximo, toca plasmarlas, felicitaciones compañero.

  • mynd af cdtikitaka

    cdtikitaka 20.11.2020

    Hola. Rauta bonita, pero si quieres ir al Arroyo Verdelecho, tines que hacer esta ruta:
    https://es.wikiloc.com/rutas-mountain-bike/kamel-trophy-arroyo-verdelecho-4568451

    Ahí está el Arroyo Verdelecho. Te aconsejo que no vayas solo....

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