persevals

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Las dos no tuvieron que apartarse ni una vez ante nadie, nadie las empujó, ningún coche tuvo que frenar por su causa. Era como si la tortuga supiera por adelantado, con toda seguridad, dónde y en qué momento no pasaría un coche, no habría un peatón. De ahí resulta que nunca tuvieron que correr ni nunca tuvieron que detenerse a esperar. Momo comenzó a sorprenderse que se pudiera andar tan lentamente y avanzar tan deprisa.

"Momo". Michael Ende. Alfaguara. Página 98.

Meðlimur síðan janúar 2012